El paisaje constituye un elemento aglutinador del resto de componentes del medio físico, si bien, en él cobran más importancia algunos elementos que otros. Así, la geomorfología que determina la orografía y la vegetación con sus distintos tipos y coberturas, configuran las principales características del paisaje. Dichos componentes se ven mediatizados por el medio social donde las actividades humanas constituyen un gran factor modificante del medio. En el caso que nos ocupa, tratándose de un medio eminentemente abierto, también resulta importante la litología, que determina unas formas características de afloramientos rocosos. El amplio espacio de la comarca Tajo-Salor-Almonte, aparece caracterizado por un mosaico de tierras de cultivo, pastizales y dehesas arboladas abiertas. En efecto, la comarca, en general, presenta una orografía suave, correspondiente a una penillanura cuyas ondulaciones oscilan habitualmente entre los 380 y los 450 m de altitud, con una cota máxima de 600 metros en Aliseda y una mínima de unos 362 metros sobre el nivel del mar.

1.1. Estructura de la Propiedad y Ciclo Agrícola: Condicionantes del Paisaje.

En términos generales, dentro de la comarca se aprecian dos tipos de organización de la propiedad. Por una parte, zonas de fuerte concentración parcelaria, auténticos minifundios localizados generalmente en las proximidades de los cascos urbanos. Por otra, grandes fincas (latifundios), eso si, divididas en varias hazas cada una, que ocupan la mayor parte de la superficie. Dicha distribución de la propiedad contribuye a generar un paisaje en mosaico característico de la zona.

Como se indica en detalle más adelante, en el apartado correspondiente a vegetación, el cultivo predominante lo constituyen los cereales, si bien a veces se entremezclan con alguna leguminosa. El ciclo agrícola propio de la zona, corresponde al tradicional sistema de tipo rotacional en cuanto a hojas de cultivo que favorece la existencia de un medio relativamente diverso, donde se aprecian parcelas de pastizal en distintos estadios, de tierra labrada, de sembrado, de rastrojo, etcétera.

Tanto la estructura de la propiedad rural, como el propio sistema agrícola de explotación, propician la existencia de un mosaico paisajístico donde se entremezclan parcelas con distintos matices de color, que corresponden a una distinta cobertura vegetal y a la presencia de una vegetación cultivada o no.

1.1.1. Unidades Paisajísticas.

Teniendo en cuenta lo anterior, a continuación describiremos las principales unidades paisajísticas presentes en la comarca Tajo-Salor-Almonte:

Penillanura.

Esta unidad es la más extendida dentro de la comarca. Se trata de una superficie con escasos, suaves y monótonos relieves, que se han originado como resultado del largo proceso erosivo. Es característica la presencia de grandes valles por los cuales transcurren ríos casi inactivos.

En el caso de los cauces fluviales más activos se ha dado lugar a un característico fenómeno de encajamiento que por sus peculiaridades constituyen otra unidad paisajística. Dentro de la Penillanura, en función de la cobertura vegetal, podemos distinguir dos tipos de paisaje claramente diferenciados:

  • Penillanura pseudoesteparia: Se caracteriza por tratarse de espacios abiertos, carentes de estrato arbóreo y arbustivo. Dicho paisaje, mayoritario dentro del área que nos ocupa, alberga la importantísima comunidad ornítica pseudoesteparia que dio origen a la declaración de las dos Zonas de Especial Protección de Aves (Llanos de Cáceres y Sierra de Fuentes y Llanos de Alcántra y Brozas). La hipotética monotonía de este paisaje se rompe por la existencia de un mosaico colorista (sobre todo en primavera) debido a la variedad de parcelas provocada por el uso de la tierra, a la que aludimos anteriormente. Esta unidad presenta además, con cierta frecuencia, una característica provocada por un efecto erosivo desigual en función de la dureza de los materiales, que ha dejado al descubierto característicos afloramientos de pizarras y pizarra­esquistos que adoptan formas típicas, denominadas, por su aspecto, “dientes de perro”. Finalmente, este tipo de paisaje se completa por la presencia ganadera, fundamentalmente bovina y ovina.
  • Penillanura adehesada: Parte de la penillanura ocupada por esta forma tradicional de aprovechamiento del territorio que es la dehesa. Consiste, en nuestro caso, en un bosque de encinas muy aclarado, donde los espacios huecos se utilizan para pastos y cultivos. En este sentido, la mayor parte de esta unidad está integrada por dehesas de pastos, aunque también existen áreas donde se entremezcla el pasto y la labor. Consecuentemente, la dehesa pascícola lleva apareada la presencia de diversa ganadería, donde el vacuno de carne y el ovino resultan mayoritarios. En algunas partes de la zona, existen dehesas, en general más abiertas, que conservan un estrato arbustivo característico de retamas de gran porte. En otros casos, son los cantuesos los que se diseminan entre las encinas. Y finalmente, hay ocasiones donde el cromatismo de ambos tipos de vegetación arbustiva se entremezcla.

Riberos.

Estos valles fluviales encajados, como consecuencia de los procesos erosivos fluviales recientes, constituyen una auténtica solución de continuidad en las extensas llanuras. El encajamiento de los ríos en la Penillanura da lugar a la aparición de los típicos riberos, que son valles de ríos de laderas de mucha pendiente y de estrecha distancia entre ellas, a modo de angostos cañones.

Los paisajes más bellos posiblemente los encontramos en estos riberos, donde las fuertes y escarpadas pendientes pizarrosas presentan en ocasiones una frondosa vegetación a base de matorrales de jaras, lentiscos y coscojares, que conforme se desciende hacia el río va mostrando elementos más termófilos como los acebuches. Estos parajes de difícil acceso constituyen el hábitat perfecto para la nidificación de numerosas especies de aves, sobre todo de rapaces nocturnas y diurnas, donde se incluyen desde el Búho Real hasta el Águila Real. El río propiamente dicho presenta una nutrida población de habitantes, en ocasiones tan selectivos con su entorno, como la nutria.

Zonas Húmedas.

En el área comprendida en la comarca Tajo-Salor-Almonte se pueden observar tanto amplias superficies de agua embalsada (pantanos) como numerosas y muy diseminadas charcas (utilizadas como abrevaderos para el ganado) que, aunque de origen claramente antrópico,  constituyen fantásticos humedales donde prolifera una abundante avifauna acuática. Por lo que respecta a los embalses y pantanos, encontramos el de Talaván, cuyos aledaños constituyen uno de los principales dormideros de grullas de la provincia de Cáceres y uno de los mayores de la Península Ibérica. Destaca igualmente el embalse de Alcántara con un aprovechamiento exclusivamente energético.